Locademia de Feminazis. IV. Perros, amos cabros y campos de concentración

El experimento de Lindsay, Boghossian y Pluckrose produjo varios textos memorables, por sus proposiciones descabelladas. Entre ellos destaca el artículo «Human Reactions to Rape Culture and Queer Performativity in Urban Dog Parks in Portland, Oregon» (traducible como «Reacciones humanas ante la cultura de la violación y la performatividad queer en los parques urbanos para perros de Portland, Oregón»), publicado, curiosamente, con el lisonjero reconocimiento de «investigación ejemplar», en 2018, en la revista Gender, Place, & Culture: A Journal of Feminist Geography, bajo el pseudónimo de mujer Helen Wilson. El artículo sería posteriormente retirado del catálogo virtual. La revista pertenece al primer cuartil (Q1) en el ranking de revistas indexadas para las áreas de Artes y Humanidades, y se encuentra incluida en los repositorios Scopus y Scimago, los más prestigiosos del campo académico.

Hay que recalcar que Helen Wilson «tiene un doctorado en estudios feministas y […] es investigadora principal en la Portland Ungendering Research Initiative (PUR Initiative)» y cumple en cada punto con el perfil feminista estereotípico, pues «trabaja a tiempo completo como investigadora y a tiempo parcial como activista y consultora en materia de diversidad en el área local de Portland». Además, «sus principales intereses de investigación son las teorías feministas y queer aplicadas, las relaciones entre humanos y animales y la performatividad de género». De ahí que su trabajo e intereses académicos estén alineados. A nivel personal, «tiene un interés particular en los perros, los derechos de los perros, las relaciones entre humanos y perros, y la intersección entre el género y las experiencias vividas por los perros como principales compañeros humanos, ya que vive con tres de ellos». La Wilson es un personaje literario, pero es también un retrato casi fotográfico de la activista feminista. No podría ser de otro modo: ¿Cómo mantener la ilusión, si la autora no encarna toda la locura que propone en sus propios textos?

El artículo de Wilson aborda «cuestiones relacionadas con la geografía humana y la geografía de la sexualidad» considerando un trabajo de campo de características específicas («un año de observaciones in situ de perros y sus compañeros humanos en tres parques públicos para perros en Portland, Oregón») y su objetivo es «descubrir temas emergentes en los patrones de comportamiento interactivo entre humanos y caninos en los parques urbanos para perros, con el fin de comprender mejor la toma de decisiones morales y amorales en los espacios públicos y así descubrir los prejuicios y las suposiciones emergentes en torno al género, la raza y la sexualidad». En otras palabras, se analizan las interacciones entre los perros y los seres humanos, que en esta caracterización son apenas los «acompañantes» de los perros, y no al revés, para así determinar, de los patrones que emerjan de las interacciones, que son arbitrarias, la índole mimética del comportamiento sexual, considerando la performatividad sexual de perros y humanos, entendida desde una «geografía feminista».

Por esta razón, el estudio analiza la forma cómo «gestionan, contribuyen y responden los compañeros humanos a la violencia en los perros», así como las cuestiones que «rodean la performatividad queer y la reacción humana ante las relaciones homosexuales entre perros», además de reflexionar sobre la condición «oprimida» de los perros. Asumiendo la inclinación homosexual de los perros, se enfoca en la reacción (y respuesta) humana al comportamiento animal, lo cual acusaría una perpetuación de los parámetros impuestos por el patriarcado a los perros, en este caso, los «oprimidos» (y que, de paso, son puestos, por el feminismo, en el mismo nivel que las mujeres, también «oprimidas» por el patriarcado). El artículo concluye «aplicando categorías de la criminología feminista negra» para, de esta manera, entender el fenómeno y deducir, «de las lecciones relevantes para las interacciones entre humanos y perros», una serie de «aplicaciones prácticas que rompan con las masculinidades hegemónicas y mejoren el acceso a espacios emancipadores», donde se revela finalmente el objetivo ulterior del estudio: la creación de un discurso disruptivo, capaz de cuestionar la sexualidad masculina tradicional y contribuir con las llamadas «nuevas masculinidades» propuestas por el feminismo radical avalado (y nutrido) por la revista.

El texto de Wilson es resumido por Lindsay —quien lo califica como «el más absurdo» de todos—, en el portal New Discourses, diciendo que el artículo se basa en la premisa de que «los parques para perros son “espacios que toleran la violación” y un lugar donde impera la cultura de la violación canina y la opresión sistémica contra “los perros oprimidos”», es decir, los parques caninos serían una réplica (simulación) del patriarcado y de las dinámicas sociales entre hombres y mujeres tal como están representadas en la cultura, de tal modo que el análisis mide «las actitudes humanas hacia ambos problemas aplicando la criminología feminista negra». El objetivo ulterior del artículo sería, como ya indicamos, «proporcionar información útil para educar a los hombres y alejarles de la violencia sexual y la intolerancia a las que son propensos». Es decir, da pautas de cómo someter a los hombres a los designios del feminismo atacando la masculinidad sexual, caracterizándola como una forma de «violencia», que son, desde luego, reminiscencias del rollazo de la Dworkin.

Asimismo, aclara Lindsay que el propósito de este artículo era poner en evidencia el hecho de que «las revistas aceptarán argumentos que sean claramente ridículos y antiéticos si proporcionan una forma (infalsificable) de perpetuar las nociones de masculinidad tóxica, heteronormatividad y sesgo implícito», que es lo que pasó con Gender, Place, & Culture, cuyo sistema de revisión, aceptación, publicación y difusión confirmó las hipótesis de Lindsay y compañía. Y fueron, incluso, más allá, cuando el editor general de la revista le otorgó un lugar de honor en el catálogo, al solicitar su inclusión como artículo principal (lead piece) en el séptimo número del año, que celebraba, en 2018, los veinticinco de la revista.

Si algo puede decirse del feminismo es nunca, jamás, aburre.

Y siempre divierte.

 

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