Locademia de Feminazis. VI. Feminismo nacionalsocialista

 

¡Oh, razonable lector! ¡Pareciera que todo es, y sólo es, joda, de la pura, purita, lo que es decir troleo, como cura maldita! ¡Como para creer que los astros se alinean, a nuestro paso, con la mismísima Luna Lunera, de violeta cabellera o que las nebulosas se despejan y, cual piélago de vapor, retroceden dejando en la orilla desta oscura playa, dando bote, otra pelota que clavar en un arco infinito! Si seguimos el rastro de las migajas —porque son, siempre, y solo pueden ser, migajas, mendrugos, masticados tendones las imposturas feministas—, hallaremos más flores en esta selva negra de la ignorancia humana.

Otro artículo de interés es aquel que Lindsay y compañía escribieron bajo el pseudónimo de «Maria Gonzalez» —otra Ph.D. quien supuestamente trabaja para el Feminist Activist Collective Truth (FACT)— y al que se refieren como el «Mein Kampf feminista», que lleva el título de «Our Struggle is My Struggle: Solidarity Feminism as an Intersectional Reply to Neoliberal and Choice Feminism» (en español sería: «Nuestra lucha es mi lucha: el feminismo solidario como respuesta interseccional al feminismo neoliberal y al feminismo “de elección”»). Y es exactamente, querido lector, lo que podría esperarse de un artículo del que dos tercios se basa «en una reescritura de aproximadamente 3 600 palabras del capítulo 12 del volumen 1 de Mein Kampf, de Adolf Hitler», un capítulo muy particular, pues en él, «Hitler expone un plan de varios puntos, que reproducimos parcialmente, en el que explica por qué es necesario el Partido Nazi y qué exige a sus miembros».

La reescritura supuso intercambiar ciertos términos y ciertos conceptos del original y reemplazarlos por sus equivalentes en la jerga del feminismo. De este modo, análogamente, el artículo sería una exposición —apoyada en un plan o estrategia— de por qué es necesario el feminismo como movimiento político y qué exige éste de sus militantes. Gonzalez plantea así que «el feminismo que pone en primer plano la elección individual, la responsabilidad, la agencia femenina y la fuerza puede contrarrestarse con un feminismo que se unifica en solidaridad en torno al victimismo de las mujeres más marginadas de la sociedad». Si bien fue primero rechazado por la revista Feminist Theory, el texto fue revisado «por pares», aceptado y publicado finalmente por la revista Afillia: Feminist Inquiry in Social Work, del prestigioso primer cuartil (Q1), enfocada en el trabajo social desde una perspectiva feminista.

El objetivo de Lindsay y compañía, logrado por donde se le vea, era «encontrar una teoría que haga que cualquier cosa (en este caso, parte […] de Mein Kampf, con palabras de moda sustituidas) sea aceptable para las revistas, si la expresamos en términos de argumentos políticamente [correctos] de moda y estudios académicos existentes». La Academia, de este modo, ha probado ser capaz de entretener genocidas retóricas «de odio», cual la de esta Hitler feminista, siempre que esté alineada con la agenda ideológica hegemónica. La incapacidad de la Academia —representada en Affilia—, y de las mismas feministas, para distinguir entre el discurso feminista y el discurso nazi es bastante significativa, si consideramos que, además de ello, lo avalan. ¿Podemos hablar ahora, seriamente, del feminazismo?

A pesar del rechazo inicial del texto, uno de los revisores de la revista Feminist Theory dijo: «Estoy muy de acuerdo con los argumentos centrales del artículo, como la necesidad de solidaridad y la naturaleza problemática del feminismo neoliberal». Otro señaló que: «Aunque simpatizo enormemente con el argumento de este artículo y su posicionamiento político, me temo que no puedo recomendar su publicación en su forma actual». El editor de Affilia indicó que: «Los revisores apoyan el trabajo y destacan su potencial para generar un diálogo importante entre los trabajadores sociales y los académicos feministas». Finalmente, uno de los revisores de Affilia señaló: «Es un interesante artículo que busca promover los objetivos del feminismo inclusivo prestando atención a la cuestión de la alianza/solidaridad». Estos comentarios nos dan una idea clara de la posición de los trabajadores académicos con respecto de estas ideas y del funcionamiento del peer-review.

Pero está claro, por todos lados, que la relación entre el feminismo y el nazismo, que son siameses, es una de unimismamiento. De modo que confundir uno con el otro no es, en lo absoluto, una coincidencia. Que no quepa duda:

El feminismo es nacionalsocialista.

Comentarios

  1. Persisto en el intento de interpretar al feminismo, es decir, atribuirle una racionalidad (pues creo que, muy, pero muy en el fondo, casi sepultado, lo tiene). Una de las premisas fundamentales del feminismo, tanto en el que apela a la diferencia como en el que proclama la igualdad, es que las mujeres conforman un colectivo oprimido, por el solo hecho de serlo (mujeres, claro está). Si bien el que tiene enfoque en la diferencia podría debilitar la idea de universalidad del colectivo (sin renunciar a ella, pues defiende la lucha de mujeres vs hombres, considerándolos como grupos homogéneos) aún adolece de esa fatal arrogancia propia del socialismo (al que aludía Hayek): situarse por encima de la capacidad que tiene todo individuo para tomar sus propias decisiones y, en consecuencia, arrogarse la facultad de dictaminar, desde un plano de superioridad, lo que es bueno o malo, lo que le conviene o no, y así sucesivamente.
    Detenidos aquí, me atrevo a preguntar : El llamado feminismo de la elección no podría configurar una postura racional más (o muchísimo más) acorde con la realidad?

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