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Locademia de Feminazis. II. Hielo, glaciares y misoginia

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Dirán que hay «muchos feminismos», tantos «como hay feministas». Es decir, no se ponen de acuerdo. Digámoslo así: las feministas no se ponen de acuerdo sobre qué es el feminismo, lo que parece chiste, querido lector, pero no es sino la constatación de un «pensamiento» no sistematizable, incoherente e inconsistente. El feminismo es, pues, antes que nada, un asunto intuitivo, emocional y subjetivo, una ideología custom-made —o ready-made , ya que estamos con esto del simulacro, la simulación y las mercancías doctrinarias—, un instrumento que se ajusta a las necesidades del músico, una prenda que asimila la materialidad del cuerpo que la viste, un cliché listo que repetir en las fiestas galantes, realizadas en las terrazas y balcones más progresistas de Lima. Además, se dice que el feminismo no sólo es una herramienta infalible, sino que ofrece el marco correcto para entender «todos los fenómenos» que afectan a la mujer (y por extensión al hombre), que son, es decir, todos los fenóme...

Locademia de Feminazis. I. El virus

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Porque chillan cuando uno, haciendo agudo énfasis en la condición enfermiza y parasitaria del feminismo, las llama «feminazis» y luego califica a aquel de «cáncer», sorprende su disfuerzo al pretender lo contrario. La indignación, más bien, de libreto, es ya la segunda naturaleza de estas vístimas ofendidas. Diríamos que sorprende, pero esa chilla resulta bastante consistente con eso de ser, precisamente, un cáncer. Y ellas lo saben. Y lo saben bien. Esa ávida voluntad de contaminar cada conversación e interacción, esa vocación de envenenar cada relación, esa abierta disposición a emponzoñar el espacio público —la cultura doméstica es cosa de cada uno y pertenece al ámbito de lo privado—, esa inclinación al sadismo contra hombres —que llaman «misandria»— y también contra mujeres —que llaman «misoginia»—, esa preferencia por la destrucción, tan performática , tan «virtuosa»: todo eso, que late en el comportamiento de las feministas, presenta un «entendimiento» de la realidad que, des...

Locademia de Feminazis. Introducción

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  A nadie sorprenden ya las proposiciones de feministas, progresistas, izquierdistas, ni del resto de criaturas de aquel corral. En el caso particular del feminismo y de las feministas, estas han llegado a sostener las premisas más delirantes y perturbadas, por fundarse contra la realidad , desfigurándola, alterándola y rechazándola, en último término. De ahí que sean nociones engendradas por mentes enfermas, que bordean la locura o se nutren de ella. De ahí que gran parte de las feministas tenga, a nivel personal, problemas mentales: morbosidades, traumas, desvíos, alucinaciones, violencia, o alguna otra forma de locura —entendiendo esta como una incapacidad para ajustarse o adecuarse a la consistencia material del mundo, ni a las dinámicas sociales de la realidad—. Algunas —los «aliades» son solo hombres que carecen de una espina dorsal— se disculpan diciendo que son «neurodivergentes», que están «dentro del espectro autista» o que son «asperger», olvidando mencionar que, en much...

Mitológicas. IV. Hipsípila (o la buena hija)

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Aunque con acierto se acuse a los griegos de misóginos, su mitología no solo registra hechos terribles, dudosos, cuestionables, delirantes, macabros y trasgresores realizados por las mujeres —en la forma de Ménades, Bacantes, Amazonas y Medea, por poner ejemplos—, sino que ofrece también un relato tenaz de sus bondades, de su coraje, de su altura, de su valentía y de sus poderosos sentimientos, tales como el valor de ir contracorriente, ahí donde todo empieza a derrumbarse y conduce al desenfreno. Este es el caso de Hipsípila, hija del rey de Lemnos, quien salvó a su padre Toante de la matanza de los hombres en la isla, por parte de las mujeres, según cuenta el poeta latino Estacio, quien inscribió su historia en la trama de Tebaida . Lo mismo hizo Apolonio de Rodas en Argonáuticas . La historia es la siguiente: decepcionada por el abandono y descuido de los ritos en el culto a Afrodita, la diosa castigó a las mujeres de Lemnos con un olor pestífero —que algunos interpretan como ha...

Importancia del feminismo en la literatura

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Es nula. ¿Pero por qué? En primer lugar, se trata de una ideología política y no de una escuela artística o literaria. Esto implica que la mirada que se echa sobre los fenómenos que aborda consiste en una narrativa prefijada: un libreto elaborado de antemano sobre la «lógica» del hombre opresor y de la mujer oprimida —entre otras perlas y delirios—, de tal modo que, tomando del feminismo la mirada, pero también las conclusiones, la literatura producida dentro de estos lineamientos , está privada de su condición crítica y solo podría ser panfleto, propaganda. Antes que ser creativa, es prácticamente producción a gran escala, re-producida (propiamente hablando) en los campos de concentración, digo, en las fábricas ideológicas —de instituciones académicas, estatales y mediáticas—, en las que se convierte en simulacro (de otra cosa) y en simulación (de una realidad que no existe). Mejor dicho: en mercancía según molde en el que no cabe la realidad. La literatura, en cambio, le sigue el p...

Conglomerado de huesos

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Si algo resulta ineludiblemente notorio, en el campo literario, con respecto de las feministas, o de quienes afirman serlo, esto es que son conscientes de la conveniencia de operar en grupo. En bloque, en bulto, en masa, cual un compuesto aglutinante, siempre moleculares: manada, recua, ganado, rebaño, jauría, piara. Que operar en grupo sea «conveniente» es, desde luego, sospechoso, ya que los grupos suelen ocultar la mediocridad —a nivel de talento, inteligencia, ideas, imaginación— de sus componentes individuales, quienes encuentran acrítico «apoyo» y una cerrada «defensa» en todos sus miembros, cuando alguno deambula por la esfera pública con sus obritas literarias en la mano. Fundados sobre la firme convicción de que su propuesta colectiva «sentará las bases de la literatura del futuro», estos grupos literarios se convierten en surtidores de manifiestos, grandes peroratas, listas canónicas y gestos públicos. Se convierten, pues, en maquinarias de marketing, en trampolines de posici...

Mitológicas. III. Medea (o la mala madre)

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Debiera llamarse «Karen», pero se llama «Medea». La misma que traicionó a su padre, el rey Eetes, cuando Jasón llegó a la Cólquide para llevarse el Vellocino de Oro, asistiéndolo a cada vuelta de tuerca, en cada prueba, perdidamente enamorada, con medios mágicos . La misma que, al ser perseguida por su padre, mientras huía con su amante a bordo del Argo, cortó en pedacitos a su hermano, Apsirto, y los arrojó al mar para detener la persecución del padre, así ocupado en recogerlos. La misma que aceptó a su lado a un hombre que acepta la traición y el fratricidio. La misma que asesinó a sus propios hijos, Mérmero y Feres, para vengarse de su esposo, cuando éste decidió dejarla para casarse con Creúsa, la hija de Creonte, el rey de Corinto. Gobernada por el orgullo, por la soberbia, por la ira, por la ruindad. Gobernada por burra mezquindad, por maldad pura. Poseída por el odio, puerperal, iracunda, crudelísima, voraz súcubo, llevó la destrucción total a sus hijos, a la propia sangre. Y ...