Locademia de Feminazis. II. Hielo, glaciares y misoginia
Dirán que hay «muchos feminismos», tantos «como hay feministas». Es decir, no se ponen de acuerdo. Digámoslo así: las feministas no se ponen de acuerdo sobre qué es el feminismo, lo que parece chiste, querido lector, pero no es sino la constatación de un «pensamiento» no sistematizable, incoherente e inconsistente. El feminismo es, pues, antes que nada, un asunto intuitivo, emocional y subjetivo, una ideología custom-made —o ready-made , ya que estamos con esto del simulacro, la simulación y las mercancías doctrinarias—, un instrumento que se ajusta a las necesidades del músico, una prenda que asimila la materialidad del cuerpo que la viste, un cliché listo que repetir en las fiestas galantes, realizadas en las terrazas y balcones más progresistas de Lima. Además, se dice que el feminismo no sólo es una herramienta infalible, sino que ofrece el marco correcto para entender «todos los fenómenos» que afectan a la mujer (y por extensión al hombre), que son, es decir, todos los fenóme...